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Domingo Faustino Sarmiento

El 15 de febrero de 1811 nacío en la aldea de San Juan de la Frontera, Domingo Faustino Sarmiento (en realidad su verdadero nombre era Faustino Valentín de Quiroga). Su madre fue doña Paula Albarracín, mujer abnegada descripta y como cantada por Sarmiento en una bellísima página. Su padre José Clemente Sarmiento, era un ardiente patriota; sirvió en el ejército de Los Andes, a las órdenes de San Martín.Ambos formaron un hogar pobrísimo, en el que nacieron quince hijos de los cuales sobrevivieron seis. Domingo Faustino Sarmiento, un hombre de apariencias contradictorias, psicológicamente estructurado con antinomias poderosas. Fue a la misma vez tierno y terrible, pacífico y combativo, derrochador por una semana y austero el resto de su vida, extremadamente sensible y reidor estrepitoso, gran escritor esencialmente castizo que jamás tuvo idea clara de la sintaxis castellana, libertador y autoritario, tildado de loco por muchos y clamado genial por cultos y excelsos, insultado y bendecido, blanco de burlas acerbas y objeto de admiración extrema, y que en la escala de los desempeños socilaes ocupó las posiciones ínfima y máxima, como la de obrero "apir" en una mina chilena y presidente "constitucional" en la República Argentina
Cursa la instrucción primaria en la "Escuela de la Patria" de la ciudad natal, una de las mejores del país a la sazón; por su inteligencia y contracción al estudio se lo proclama "primer ciudadano" de dicha escuela. Falla dos veces su intento de continuar sus estudios en Buenos Aires. A los 15 años, acompañando a su tío don José de Oro, funda en San Francisco del Monte (San Luis), la primer escuela entre las centenares que le deben su nacimiento. Allí concibe la idea de regenerar a la patria por la ilustración pública, idea que es como el eje y la fuerza motriz de toda su vida. Al año siguiente, de retorno en San Juan, trabaja dos años como dependiente en la tienda de una tía suya; en los ratos libres, lee infatigablemente. Toma por modelo a Franklin.
Las circunstancias le obligan a tomar partido en la política y se decide por el unitarismo. Se lanza a la guerra civil. Se distingue en varios encuentros; despues de la derrota del Pilar un militar pundonoroso lo salva de la muerte. Triunfante Facundo Quiroga, en 1831, Sarmiento emigra a Chile, donde fue maestro de escuela Putaendo; gana 13 pesos mensuales de sueldo. Instala despues un bodegón en Pocuro. Luego es dependiente de tienda en Valparaíso; con la mitad de la Onza mensual que gana costea sus estudios de inglés. Pasa más tarde a oficiar de mayordomo en las minas de Copiapó. Como su salud corre muy serio peligro vuelve en 1836 a San Juan. Allí funda una sociedad dramática y luego en 1838, junto con varios jóvenes ilustrados, La Sociedad Literaria, filial de la Asociación de Mayo. Lee durante dos años infinidad de libros. Funda un colegio de mujeres, el de Santa Rosa, y su primer periódico: El Zonda (1839). El 18-11-1840 salva milagrosamente la vida. Toma, al día siguiente, la vía del destierro, e inscribe, de paso, aquella sentencia indeleble: On ne tue point les idés, que tradujo gráficamente así: Bárbaros, la ideas no se degüellan.
En Chile despliega gran actividad y conquista altas posiciones. Se lanza a la política; apoya la observada por don Manuel Montt, su constante amigo y protector. Colabora en distintos periódicos, dirige la primer escuela normal de Sud América (1842), es nombrado, al fundarse en 1843 la Universidad de Chile, miembro del cuerpo académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades, donde auspicia la simplificación ortográfica, en parte admitida. Con Vicente FIdel Löpez crea un colegio particular, el Liceo. Durante tres años (1842-1845) dirige EL Progreso, primer diario, cronológicamente hablando, que aparece en la capital chilena. Publica varios textos escolares, cartillas y silabarios; dos millones de niños chilenos aprenden a leer por su Mëtodo de lectura gradual (1845). Desde el punto de vista literario, esa estancia de Sarmiento en Chile es la más fecunda de su existencia. Aparte de numerosos artículos periodísticos edita Mi Defensa (1843) y su trabajo sobre Aldao (1845), el cual lo alienta, en virtud del éxito obtenido, a escribir su obra capital, Facundo (1845). La novela biográfica, narraba la vida de Juan Facundo Quiroga, el aspecto físico y hábitos de la República Argentina, también atacaba el régimen de Rosas. Se trataba al pricipio de un panfleto, redactado con la habitual premura, a hondo fuego de inspiración tan urgente, que no permitió esperar ni los datos pedidos a este país. Forzado por el calor febril, como una planta excesiva, aquel libro resultó una creación extraña, que participa de la historia de la novela, de la política, del poema y del sermón. Facundo constituye todo el programa de Sarmiento. Sus ideas literarias, su propaganda política, sus planes de educador, su concepto histórico, están allí. Es aquélla nuestra gran novela política y nuestro gran estudio constitucional: una obra cíclica. El primer escritor argentino verdaderamente digno de este nombre.
Desde 1845 a 1848 viaja por Europa y los Estados UNidos, mandado por el gobierno de Chile a estudiar la organización de la enseñanza primaria. Ese viaje completa su formación mental. De vuelta al país amigo publica dos obras maestras, los Viajes por Europa, África y América y Educación Popular, ambas en 1849, la última su obra preferida. Al año siguiente ve la luz, Argirópolis, libro en el cual aboga por la concordia de los argentinos y la adopción literal de la Constitución de los Estados Unidos. A fines de ese mismo año hace conocer Recuerdos de Provincia, la mejor escrita y la más tirna de sus obras. Es el libro más sobrio y maduro, el mejor de Sarmiento literalmente hablando, son de aquella simiente. Representan con Facundo la tentativa lograda de hacer literatura argentina, que es decir patria; puesto que la patria consiste ante todo en la formación de un espíritu nacional cuya exterioridad sensible es el idioma.
Se incorpora, con el grado de teniente coronel, al ejército de Urquiza (1852). Emplea en Palermo la misma pluma que Rosas en escribir el parte de la victoria de Caseros. Disgustado con el militar entrerriano, gana su rincón chileno (junio de 1852), publica su movida y vivaz Campaña del Ejército Grande, y sostiene su célebre polémica con Alberti. De pronto, emulando con su oponente, escribe en 1853, Los comentarios de la Constitución. Rechaza la diputación que se le ofrece en el Estado de Buenos Aires, y en seguida, al Congreso de Paraná, en representacipón de Tucumán, proclamándose oprovinciano en Buenos Aires, porteño en las provincias, argentino en todas partes.
En 1885, impaciente por actuar en su patria, vuelve a Buenos Aires. Redacta El Nacional, es electo concejal (1856) y designado director de Escuelas (1856-1862) y tres veces senador (1857, 1860 y 1861). En 1860 desempeña un papel muy lucido en la Convención Reformadora de la Constitución. Ministro de GObierno bajo la gobernación de Mitre, trabaja al lado de éste, por la unidad nacional. Fracasadas la negociaciones pacíficas, y después de la batalla de Pavón, va con la expedición del general Paunero a las provincias de Cuyo. Es designado gobernador de su provincia (1862-1864). Al morir su íntimo amigo Aberastain combatió a los asesinos como gobernador de San Juan, que terminó con la vida de Peñaloza y fue amonestado por el gobierno nacional y es mandado en misión diplomática a Chile, Perú y Estados Unidos por tres años. Sin contar con partido propio es elegido Presidente de la Nación (1868-1874). Al bajar de la presidencia se le designa senador Nacional por San Juan. En 1879 desempeña efimeramente, en momentos muy difíciles, la cartera del Interior. Dirige la instrucción primaria en la Provincia de Buenos Aires (1875-1879) y en el orden nacional (1881). Publica Conflicto y armonías de las razas de América (1883), va en misión cultural a Chile en 1884; saca El Censor (1885), donde inserta después su libro sobre Francisco Javier Muñiz y Vida de Dominguito, su hijastro (Domingo Fidel Sarmiento) que murió en el transcurso de la guerra contra Paraguay iniciada en 1865. El Censor, su postrer empresa, lo colocó entre los iniciadores de la más adelantada época del periodismo argentino. Median cincuenta años de tarea entre la primera y la última de esas hojas. Tarea de fe y de esperanza. En 1861, durante la guerra con las montoneras del Chaco, sus cartas al presidente Mitre contienen siempre esta doble solicitud: armas para asegurar el orden y con él la industria y el comercio, víctimas perpetuas del saqueo gaucho; imprenta, una imprentita", según su diminutivo premioso y confidencial, para la necesaria propaganda del bien público. Y luego, el consabido rasgo jovial: "No me deje usted sin mi trompa de elefante". Se trata de una necrología llena de nobles páginas, de poética intimidad doméstica, es también un tratado de pedagogía. Y precisamente cuando mezcla estos dos elementos, tan discordes al parecer, es cuando el libro resulta más hemoso y original. Resentido seruiamente en su salud parte al Paraguay en 1887 y retorna al vecibno país por última vez al año siguiente. A pesar de la enfermedad, trabaja por la elevasción paraguaya. El 11 de sep´tiembre fallece en la Asunción. Sus restos fuerion inhu,mados en Buenos Aires, 10 días después. Ante su tumba, Carlos Pellegrini sintetizó el juicio general: "Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América".
Sarmiento tranformó efectivamente la prensa americana. Sus artículos, que conservaban el aspecto denso y la longitud, ahora extensiva, de los desarrollos doctrinarios, se componen de hechos y de ideas. La vanilocuencia del teorismo y de la injuria ha pasado. Queda sólo el casco repleto, en el tempestuoso desarbolo del buque, arrasado por los huracanes políticos. Aquellos artículos macizos como vigas, son la andamiada de la nacionalidad futura; y en ellos aletea o canta, al pasar la genuina poesía del recuerdo y de la esperanza.
Su literatura neológica y pintoresca, mal pergeñada también a veces, poseía algo superior al concepto rígidamente constructor de la academia: la vida, que es irregular pero fecunda. Añadía a esto el prestigio de su gran virtud comunicativa: la jovialidad, que era el reflejo dichoso de una salud moral inquebrantable. El estilo de Sarmiento introdujo el escándalo bienhechor de la risa, marchitada por el insulso epigrama purista y por la solemnidad retórica. Y tanto se adelantaba a su tiempo aquella campaña por el verbo libre del ideal, que sus frutos son todavía escasos .
Sarmiento, como muchos otros jóvenes de su partido y de su clase, había aprovechado la coyuntura; e insinuándose en el ánimo del gobernador, ciertamente accesible al orgullo local de tener en su provincia hombres tan instruidos, aquel grupo inició una serie de trabajos civilizadores. Constituyeron desde luego, bajo el nombre de Sociedad Literaria una sucursal de la Asociación de Mayo, fundada en Buenos Aires por Echeverría. Era una especie de logia romántica que aunaba los generosos amores de la literatura y de la libertad. Los jóvenes leían autores nuevos europeos, discutían sus doctrinas, amaban la libertad y argumentaban sobre bases de organización social. Así fue como el 20 de julio de 1839 aparece el semanario El Zonda, fundado por ocurrencia de Sarmiento a no dudarlo; pues fue el autor de la "constitución" de aquel instituto y lo dirigió en compañía de dos personas de su familia; así como fue el director visible del periódico; en el conflicto, hizo que todo se hechara a perder. El semanario se caracterizaba por sus ataques y grandes críticas contra Juan Manuel de Rosas. Es por eso que sólo duró seis semanas: el gobernador de Buenos Aires levantó con arbitrariedad el precio de publicación del periódico, en la única imprenta existente, o sea la oficial, ocasionando su desaparición. En su último número el semanario formuló su testamento. Pero con su fundación, nuestro personaje ha iniciado su verdadera vida, pues será periodista por toda su existencia.
Lo cierto es que desaparecido El Zonda, la sociedad reveló su verdadero carácter, conspirando de acuerdo con Brizuela, gobernador de La Rioja que se había entendido con los unitarios, contra el mismo Benavídez. Fue aquello la repercusión en San Juan, del movimiento de 1840. Benavídez descubrió la conjuración, arrestó a Sarmiento que se había quedado para cubrir con su presencia ostensible la fuga de sus compañeros, y siempre afable con él, no hizo sino desterrarlo a Chile.
Pasó los Andes, runiando su propia médula libertina y romántica, con tal urgencia de producir, que en menos de tres meses había publicado en Chile bajo seudónimo, con ocasión del aniversario de Chacabuco, un sonoro artículo patriótico que le valió el cargo de redactor en El Mercurio de Valparaíso, órgano de aquella publicidad, y dos meses después el de fundador y director de El Nacional, primer periódico de Santiago. Cincuenta escasos días le bastan para poner en movimiento y dominar la prensa trasandina.
" Un sabio error de nuestra constitución, ha puesto la prensa fuera de la jurisdicción federal. No tiene juez competente, aún para sus delitos". Con esto Sarmiento se refiere a que según la constitución federal, no existe aquí el delito de imprenta. O en términos filosóficos: la libertad del pensamiento jamás puede constituir delito, lo único que se castiga es el delito común, cometido por medio de la prensa. Esto equivale, sencillamente, a inaugurar una nueva civilización, puesto que es lo contrario de la antigua. La nación debe al liberalismo porteño esta garantía histórica. La libertad ilimitada del pensamiento, es el signo carácterístico de la dignidad humana.
Pero la desea también mesurada para que sea provechosa. "Sólo Sarmiento, añade, ha trabajado en vano para imprimirle un poco de mesura".
Hasta 1845, actúa en Chile como educador, periodista y literato, sin que sus grandes labores lo induzcan a interrumpir por un instante su campaña contra la tiranía.
Siendo presidente, los ministros le piden que no escriba, porque exacerba las pasiones. Y acata la indicación.
"Es preciso ser honrado el que habla, y las demás virtudes le vienen por añadidura, si tiene dilatable el corazón".
De aquel estilo fragmentario proviene su característica más saliente como autor de libros. Es el escritor de los trozos más selectos. Imposible encontrar en su inmenza obra una pieza completa. Esta peculiaridad, unida a su vocación de novelista, que no puede satisfacer porque necesita todas las letras para la gran obra de hacer país, determina su predilección biográfica. Las "vidas"constituyen una especialidad de su literatura. "Gusto, dice, de la biografía. Es la tela más adecuada para estampar las buenas ideas". De aquel estilo fragmentario proviene su característica más saliente como autor de libros. Es el escritor de los trozos más selectos. Imposible encontrar en su inmenza obra una pieza completa. Esta peculiaridad, unida a su vocación de novelista, que no puede satisfacer porque necesita todas las letras para la gran obra de hacer país, determina su predilección biográfica. Las "vidas"constituyen una especialidad de su literatura. "Gusto, dice, de la biografía. Es la tela más adecuada para estampar las buenas ideas".
La falta de proporción, constituye el defecto cerrespondiente. La urgencia es digresiva por necesidad, y ahí está la falla de esas páginas. Hay veces que una digresión, con frecuencia destinada a lapidar un insignificante, ocupa dos terceras partes del trozo.
Su positivismo da con frecuencia en excesos materialistas, apenas atenuados por el interés novelesco, siempre poderoso en él. Por esto atribuía gran importancia civilizadora a la lectura de novelas. "Las novelas han educado a la mayoría de las naciones".
El exceso de positivismo torna a veces antipática y estéril su prosa, convertida en charla de cura laico, o en lección de economía doméstica. Sus carillas aprovechadas hasta el fin, sin ningún margen eexpresan quizá aquella tendencia.
Cuando se mantiene en las regiones superiores de la moral práctica, que es la organización positiva de la bondad, su pensamiento está lleno de nobleza. "Toda la historia de los progresos humanos, es la simple imitación del genio". Sin duda, su vida entera ratifica esta verdad.
Su originalidad proviene en gran parte de su improvisación de periodista. Es de ocurrencias más que de expresión, excepto cuando describe el medio natal que la lleva de por sí. Inicia los temas sin meditación previa, y por esto mismo es inesperado. "Mis ideas se arrastran al comenzar el escrito, que no adquiere vigor sino a medida que avanza, como aquellos generales a quienes la batalla misma ilumina".
La imaginación creadora que levanta palacios con una sola piedra, cuya vinculación trascendental en la estética confiere el dominio de elementos dispares o contradictorios para cualquier otro, constituyen en él, el don inventivo. Siete años después de haber descrito la pampa en el Facundo, viene recién a verla con sus propios ojos. Y la descripción es fidelísima. Alguna vez ha llegado a escribir dormido.
Sus numerosas traducciones de libros útiles, desde el texto escolar a la biografía predilecta, robustecen su concepto de la literatura: órganos de civilización más que de recreo. Aquellos actos de humildad, en escritor tan personal y fecundo, son pruebas de alta abnegación patriótica. De ahí provino su idea de la convención latinoamericana para la traducción de obras, que lo llevó en 1884, enviado por Julio Argentino Roca como plenipotenciario intelectual. De cualquier modo, a partir de 1880, tras la elección presidencial de Roca, Sarmiento se fue alejando de la política para incrementar su labor literaria.
La gala literaria, resultante de un temperamento nativo del escritor, le viene al correr de la pluma. Por esto es siempre fragmentaria y comúnmente de tosco engarce. El positivismo es también su calidad dominante, y de aquí la escasez de metáforas. El periodista debe decir las cosas directamente, interesando a su lector con el valor constitutivo de las mismas. Esto excluye también el sistema filosófico y literario. Las ideas, tanto como la literatura del periodista, dependen de la impresión de su día. Son fugaces por naturaleza, como la hoja en que las edita. Su lógica es la de los acontecimientos, no la de las ideas.
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