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Muy buenos días. Señor Director, muchas gracias por dejarnos compartir este acto, que me emociona mucho; con el orgullo de estar junto a Estela Carlotto y otras Madres, Abuelas y Familiares de desaparecidos.
Ustedes saben, chicos, que los actos escolares, en general, tienen dos significados. Algunos son de festejo, de alegría, como cuando uno recuerda la independencia de la Patria; y otros son de conmemoración, de solemnidad y de tristeza. Éste es uno de los últimos, está vinculado a la memoria.
¿Para qué recordar? Creo que tenemos que recordar porque los pueblos tienen que tener memoria de sus hechos, de sus héroes, de sus militantes y de los procesos que vivieron. Si esto quedara en el olvido, seguramente un pedazo de nuestra historia estaría callado, y entonces un pedazo de nosotros no estaría; no estaríamos completos.
Los jóvenes estudiantes secundarios que fueron, primero, secuestrados y después, desaparecidos, eran chicos como ustedes y jóvenes con espíritu militante como miles de jóvenes de esa época. ¿Por qué los mataron? Los mataron porque representaban la posibilidad de un modelo de organización distinto en nuestro país.
Los desaparecidos, los desterrados y los acallados de nuestra Argentina de esas épocas, eran los que se oponían a un modelo oligárquico, antinacional, que sólo se podía imponer por el terror. Hoy seguimos viendo hechos de terror en el mundo para imponer modelos económicos y de acumulación para unos pocos. Esos pocos no eluden ningún medio para imponer sus desmedidas apetencias y uno ha sido la muerte y, en nuestro país, las sucesivas dictaduras.
No creo que haya que recordar este hecho como aislado, de rebeldía adolescente. Hay que recordar este hecho como uno de los más salientes por la edad de los chicos, del terror que se instaló en el país contra todos los opositores a un modelo oligárquico. Por lo tanto, no fue una rebelión aislada, sino que fue un plan sistemático contra quienes querían oponerse a que este país fuese entregado, devastado y se impusiera la mayor de las desigualdades sociales. Acá hubo un plan político, un plan cultural y un plan económico social, y los jóvenes que se opusieron a eso, muchos de ellos, hoy no están con nosotros.
Es muy difícil recuperar al país después de eso. Después de eso, después de una guerra en el año 82, después que este país se desestructurara culturalmente. Los 30.000 desaparecidos son el recuerdo a los militantes, eran militantes políticos y murieron nuestros mejores cuadros. Es muy difícil reemplazar a nuestros mejores cuadros; es un esfuerzo sobrehumano para quienes tuvimos alguna vez la vergonzosa duda de por qué éramos sobrevivientes, es un esfuerzo sobrehumano reemplazar a nuestros mejores cuadros.
Y no hay que olvidar. El olvido es el triunfo de la injusticia. Nosotros tenemos que recordar para no repetir y para homenajear; y tenemos que recordar para comprender, también. Me parece que esa es la tarea.
Como decía Estela Carlotto, conocer la historia del 76 al 83 es reflexionar sobre nuestro futuro y sobre nuestro destino. Reflexionemos y discutamos en pluralismo. El único límite del debate es la defensa de la verdad y la justicia con los que no están en la defensa de la verdad y la justicia; con esos no conciliamos, con esos no debatimos.
No es bueno que el recuerdo y la memoria sirvan para el odio, para la revancha. El recuerdo y la memoria deben servir para reafirmar los valores que Claudio de Acha, María Claudia Falcone, Horacio Ungaro, Daniel Racero, María Clara Ciocchini, Francisco López Muntaner, Pablo Díaz y sus compañeros sostenían. Recordar es afirmar los valores de solidaridad, de amor al prójimo, de justicia social, de cultura para todos. No debemos recordar para odiar, debemos recordar para amar, debemos recordar para sostener la verdad y la justicia y el castigo a los culpables.
Creo que esto lo debe hacer nuestra sociedad. Las reconciliaciones injustas lo único que hacen es ahondar injusticias. Nosotros tenemos que reivindicar la Justicia, y lo tiene que hacer nuestro Parlamento derogando las leyes que impidan la justicia, y lo tenemos que hacer todos en nuestra militancia diaria.
El 16 de Septiembre es el Día del Estudiante Secundario, así lo ha establecido la realidad histórica. Ustedes, chicos, además de recordar y de conocer lo que hicieron aquellos jóvenes, lo deben continuar. También hay que tener la fuerza de la continuidad de sus luchas participando, fortaleciendo los Centros de Estudiantes, pidiendo por sus reivindicaciones, estudiando, mejorando, tratando de ser ustedes los nuevos cuadros, los nuevos militantes, los nuevos profesionales, los nuevos dirigentes que este país necesita. Y saber que esa década de horror en América Latina tiene que ser superada.
De nada vale tampoco recordar si no mantenemos intactos los proyectos, intactos los sueños. Pero que no queden dudas. Porque si hacemos un acto es para que no queden dudas que ese momento de Argentina fue un momento de terror de Estado y donde todo el aparato del Estado fue utilizado para acallar, asesinar o hacer desaparecer a quienes se oponían. Eso hay que recordarlo para defender la democracia, la convivencia, la lucha de ideas. Este país debe ser reconstituido en todas sus dimensiones.
Recordar también es mantener la memoria en la verdad. Tampoco dejemos que nos cuenten el cuento, que nos escriban la Historia; acá hay una historia de resistencia a la dictadura, de militancia política, y por eso es que fueron desaparecidos. Yo también quiero reivindicar, por lo tanto, a la militancia política.
En el Día del Estudiante Secundario, en el día del recuerdo y la memoria de los jóvenes de la Noche de los Lápices en La Plata, que fue su ciudad, el lugar donde nacieron, quiero hacer un homenaje. Pero el mejor homenaje es que ustedes, en sus aulas, sigan aprendiendo la historia argentina de los últimos años y la debatan, la profundicen; que tengan sus ideas y las defiendan con la misma convicción que las defendieron estos jóvenes.
Estos jóvenes y los 30.000 desaparecidos son el marco de nuestra moral. Cada vez que tengo que tomar una decisión o una medida, mis amigos, mis compañeros desaparecidos son el marco de mi moral, porque qué sacrificio puede ser grande para uno si hubo amigos, compañeros o hermanos que sacrificaron su vida, cuál puede ser la grandeza de nuestro sacrificio.
Los que dieron su vida son el marco de nuestra moral y no hay ninguna justificación frente a ellos que no sea hacer las cosas que ellos soñaron. A los familiares que están presentes y a la memoria de los jóvenes estudiantes secundarios desaparecidos, les doy este homenaje emocionado.
Buenos días, muchas gracias. |